lunes, 26 de mayo de 2014

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Un hallazgo prehistórico de interés: el ídolo de Tara

Tara ha constituido, con Telde y Cendro, uno de los núcleos aborígenes más importantes —en orden a yacimientos arqueológicos— de toda Gran Canaria. Hoy esas posibilidades arqueológicas, a causa de la constante extracción de elementos, roturación de terrenos, etc., son casi nulas.

Es bien sabido que la población aborigen se agrupaba densamente en aquellos tres centros, es decir, Telde, Tara y Cendro. Hasta hoy se conservan en Tara y Cendro gran número de cuevas de habitación con raíz en la época prehistórica, cuevas que en la actualidad sirven de viviendas a familias de trabajadores del campo, a gentes de labranza que conforman los barrios que aún sostienen tales topónimos. Telde, situado en un llano, se ha convertido en la ciudad de su nombre. Tara, que se abre en las faldas de una montaña frontera, ha tenido más celebridad que Cendro —que está enfrente de Tara, en la margen opuesta del barranco— y menos que la metrópoli teldense. Dentro del más auténtico folklore insular han quedado las «brujas de Tara» famosas. En realidad fue siempre en singular —«la bruja de Tara»— como se conoció a esta estirpe de curanderas llegada hasta nosotros. De ella, a más de ciertas referencias inquisitoriales, existe la cita jocosa muy «Real Sociedad de Amigos del País» que sobre aquella que a comienzos del XIX ejercía allí su pintoresca profesión hizo el Fiscal de la Real Audiencia de Canaria, Zuaznávar y Francia, en el delicioso Diario inserto por Millares Carlo en su eruditísima Bio-Bibliografía.

Ídolo de barro semicrudo, engobado con arcilla de los aborígenes canarios, hallado en la finca Los Cascajos, en Tara (Telde), en 1957.
Parte posterior, sin pintar, del mismo ídolo de Tara.

Existe en Tara una de las más hermosas cuevas prehispánicas de toda Gran Canaria, que parece haber servido de referencia a Torriani para la descripción que hace en su obra de las antiguas cuevas habitables de la Isla.

La cueva, hoy vacía y cerrada, sirvió —probablemente desde el siglo XVII— de morada a la Santísima Virgen de Tara —la Candelaria de Tara— a la cual, y hasta hará unos treinta años, se rindió en ella culto fervoroso. El Niño de la Virgen luce, engarzada en plata, una pequeña vasija de juguete, modelada en barro y que se encontró en los yacimientos de aquella zona.

Precisamente en esa hacienda es donde se alzará la futura ermita de la Santísima Virgen de Tara, y en ella, en la hacienda, fue hallada la pieza arqueológica que nos ocupa: un ídolo modelado en barro semicrudo.

Esta canarísima hacienda, situada en la confluencia del barranco de Telde y del que viene desde Las Longueras (1), en los antiguos predios de Cristóbal García del Castillo y de su hijo Juan Inglés, tiene dos nombres: Los Olivos de Tara —literario y decimonono— y Los Cascajos; personalmente optamos por el segundo y, de apurársenos, elegiríamos este otro acaso más gráfico: Los Cascajos de Tara.

(1) Que será el mismo que el mapa militar 1:100.0000 llama de San Roque. — N. de la R.

Los hallazgos arqueológicos en esta zona —cerámica de uso doméstico y de juguete, piezas de piedra, tumbas, restos humanos, maderas calcinadas, etc.—, han sido incontables. Recientemente —1957 y en ocasión de drenar uno de los cercados de la propiedad, apareció, a cosa de dos metros escasos de profundidad, la valiosa pieza a que nos referimos.

El ídolo ha sido filiado por el ilustre Prof. F. E. Zeuner, de la Universidad de Londres, y el no menos ilustre especialista canario don Simón Benítez Padilla, como pieza indiscutible perteneciente al pueblo aborigen. Para nosotros constituye una auténtica satisfacción dar aquí este aviso de existencia, esta fe de vida de la interesante pieza.

Resulta sobrecogedor imaginar la tragedia, el proceso de reajuste especial que debió de significar para el pueblo vencido desprenderse de sus viejos dioses, enterrarlos, acaso por incapacidad de destrucción de lo que fuera sagrado para ellos, y sobreponer a las creencias ancestrales la realidad inapelable de una divinidad nueva y distinta.

Porque en el fondo, el pueblo canario no repudió absolutamente sus creencias —en los fondos de Inquisición existen las pruebas documentales de ello— y, merced a esta dualidad, nuestros aborígenes abrigaron la convicción de que dentro de la religión primitiva sus antiguos habían alcanzado la eterna bienaventuranza.

De este ídolo de Tara, como podrá advertirse en las fotos que ofrecemos, sólo se conserva un fragmento. Parece representar a un ser humano con los brazos en ángulo y las manos en las caderas, aunque sólo existen de él el brazo, cadera y mano derechos.

Los dedos aparecen apenas representados por unas somerísimas incisiones. Faltan la cabeza y cuello, así como las posibles piernas, que debieron hallarse resueltas —de haber existido— en forma muy rudimentaria, sin modelación concreta.

La decoración geométrica que ofrece esta pieza: círculos, ángulos, triángulos, rombos enlazados, etc., está resuelta con agilísimo criterio, a base de almagre muy vivo, mientras que el fondo, pulimentado, asume una tonalidad beige.

La parte posterior del ídolo —hecho indiscutiblemente para adosar— no tiene modelado ni decoración; su factura es tosca y la materia básica aparece, como decimos, sin color ni pulimento alguno.

Según el citado profesor Zeuner —que anuncia un trabajo sobre el tema, este ídolo está modelado en barro imperfectamente cocido, y luego de decorado fue recubierto por un barniz de arcilla. Por ello, y pese a estar compuesto por el mismo material geológico de Tara —mezcla de tierra vegetal y picón—, material que en aquella zona aparece en capas muy definidas, semeja haber sido estructurado con materia distinta a la de la cerámica cocida que tanto ha aparecido por todo aquel sector.

Las dimensiones de la pieza, cuyas primicias ofrecemos a los lectores de REVISTA DE HISTORIA CANARIA, son éstas:

Alto en su parte más prolongada 15 c.
Ancho en su parte más amplia 13 c.
Ancho en total de la parte existente, más el de la desaparecida 20,5 c.

Por nuestra parte esperamos con interés el trabajo que el señor Zeuner anuncia, a fin de que esta valiosa reliquia de nuestro pasado aborigen quede incorporada, definitiva y autorizadamente, a la arqueología regional.

Nota de la Dirección. —Hemos tenido ocasión de visitar Tara y ver su ídolo, aquí descrito, y podemos confirmar el interés que tuvo aquélla y el que tiene éste. Añadiremos la observación curiosa, de que en el plano de Telde que dibujó Torriani y que puede verse en las ediciones publicadas en 1940 por Wölfel y en 1958 por Cioranescu, los nombres de Tara y Sendro se hallan intercambiados con sus actuales localizaciones. Como es poco verosímil que la tradición toponímica se equivoque, hay que admitir que fue Torriani quien erró al dibujar su mapa, a base de apuntes que trastocó.— E. S.



N. A.

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