viernes, 20 de junio de 2014

Posted by MuSCaRTK | File under : , , , , , ,

EL TERRITORIO ARQUEOLÓGICO DEL LOMO DE ARICO. APROXIMACIÓN AL MODELO DE POBLAMIENTO PERMANENTE DEL SUR DE TENERIFE (I)

INTRODUCCIÓN

El sur de la isla de Tenerife ha adolecido, al igual que muchas zonas de Canarias, de investigaciones arqueológicas de carácter sistemático. Hasta el momento, y salvo contadas excepciones, lo que ha venido realizándose en esta área ha sido un tratamiento puntual e inconexo de diversas cuestiones. Éstas han pretendido, en líneas generales, solventar los vacíos de conocimiento sobre los aborígenes que habitaron el sur de la isla, así como actualizar datos en función del único estudio sistemático realizado para Tenerife: Los Guanches, de Luis Diego Cuscoy.

Atendiendo a los resultados de una prospección sistemática realizada en el Lomo de Arico (Tenerife), a comienzos de 2003, y previa a la instalación de una planta de 7 aerogeneradores, se pudo identificar abundante material arqueológico en superficie, así como una interesante relación de yacimientos, que han motivado la elaboración de este trabajo.

En las líneas que siguen se analizarán las evidencias arqueológicas de superficie identificadas en el Lomo, con el fin de plantear una relación entre ellas y su contextualización territorial, para terminar apuntando un modelo de asentamiento que pone en duda algunas de las afirmaciones tradicionalmente vertidas sobre la distribución poblacional del sur de Tenerife.

EL MODELO DE POBLAMIENTO TRADICIONAL. LA TRASHUMANCIA PERMANENTE

Como se ha indicado, el trabajo más importante e influyente realizado sobre la zona, y en general para Canarias, como lo demuestra el índice bibliométrico de los estudios arqueológicos y antropológicos de las Islas (Estévez González et al., 1996: XXIX), es la obra Los Guanches de Diego Cuscoy (1968). Con excepción de algunos planteamientos asociados a formas tradicionales de entender la Arqueología (difusionismo, evolucionismo cultural, etc.), que estructuran buena parte de las explicaciones ofrecidas, lo cierto es que Los Guanches constituye un intento precoz y original dentro de la Arqueología canaria y española, que posiblemente no ha sido valorado adecuadamente (Arco Aguilar, 1998: 8). En una fecha tan temprana como 1968 y de forma independiente, Diego Cuscoy es capaz de ofrecer un modelo de organización de los patrones de asentamiento con una profundidad y calidad a la altura de los análisis espaciales que por entonces se realizaban en el ámbito anglosajón (Bradford, Willey, Braidwood, etc.).

Este importante estudio ofrece la primera y, hasta la fecha, única propuesta de organización espacial de la isla de Tenerife. A partir del intenso conocimiento etnográfico que el autor posee, se plantea una sistematización de la información arqueológica presente hasta esa fecha, encuadrándola bajo esquemas teóricos muy novedosos para la época en España. Sin entrar a analizar las numerosas deficiencias actualmente superadas por la Arqueología canaria (1), lo cierto es que Diego Cuscoy es el primer investigador que introduce, en las Islas Canarias, una interpretación explícita que asume la influencia ecológica y económica en el estudio de las poblaciones aborígenes.

(1) Tan sólo vamos a indicar que hoy en día es imposible seguir defendiendo el poblamiento neolítico de las Islas, su concepción como cultura arcaica o la utilización de criterios raciológicos para explicar las diferencias culturales presentes en el Archipiélago, argumentos que fueron esgrimidos por Diego Cuscoy en sus estudios sobre Canarias.

Aunque ya son apuntados en un trabajo anterior (Diego Cuscoy, 1951), es en Los Guanches donde argumenta de forma detallada los estímulos a los que deben hacer frente las sociedades humanas para su supervivencia. Así, lo que él denomina «elementos de fijación», es decir, la cubierta vegetal, la distribución de las aguas y la naturaleza del suelo, serán los factores que determinen el modo de vida aborigen (Diego Cuscoy, 1968: 69). Estos elementos explicarán las razones por las que los yacimientos conocidos de la isla de Tenerife se localizan en una u otra zona. De esta manera, como indica el autor, «el relieve de la isla vendrá a aclararnos problemas de trashumancia y sedentarismo, es decir, las formas de vida y la estructura económica de una población. Y no sólo el relieve, sino la distribución de la cubierta vegetal y su estratificación según la altitud, que, con la diversidad de climas, condicionan vida y economía» (ibidem, p. 56). En consecuencia, la presencia o ausencia de estos recursos naturales serán para Diego Cuscoy los criterios que determinen la distribución de la población (ibidem, pp. 74-85), los límites políticos de los menceyatos (ibidem, pp. 90-95), así como la estructura social de los grupos humanos (ibidem, pp. 97 y 164-165) (2).

Es evidente que esta forma de aproximarse al estudio del pasado condicionará el modelo de ocupación poblacional propuesto para la isla de Tenerife. Diego Cuscoy entenderá que sólo aquellas zonas que concentren todos los elementos necesarios para la vida humana (agua, tierras fértiles, clima favorable, pastos, cuevas de habitación), serán las ocupadas por los aborígenes de la isla. Al valorar que el poblamiento permanente sólo podía realizarse en aquellos lugares con cuevas aptas para su uso, cercanas a manantiales y a fuentes con importante caudal, y donde la práctica de las labores agrícolas y ganaderas pudiesen realizarse de forma sencilla, Diego Cuscoy concluirá que el poblamiento sedentario de la isla se circunscribe, casi exclusivamente, a la zona norte y noreste de Tenerife. De esta forma, el sur y oeste se interpretan como zonas de ocupación en régimen de trashumancia casi permanente (ibidem, p. 126).

(2) Un claro ejemplo de este determinismo es esta larga cita de Diego Cuscoy: «...dichos elementos naturales producen consecuencias que afectan a la dinámica de la población e incluso a la estructura social de la misma. Un grupo intensamente móvil ha de presentar unas estructuras sociales necesariamente distintas a las de otro grupo con marcadas señales de sedentarismo. Tanto una forma como otra han de influir sobre la formación y conducta de la sociedad familiar, que se organiza y comporta de distinta manera según que el hombre esté presente o ausente. La presencia o ausencia más o menos prolongada se refleja en toda la familia y en cada uno de los miembros que la componen, y no sólo por lo que pueda referirse a la división del trabajo de los que están fijos y de los móviles, sino que puede acarrear, y de hecho acarrea, trastornos en la conducta sexual de la pareja, como hemos podido estudiar en focos trashumantes de la isla, casi hasta hoy mismo» (Diego Cuscoy, 1968: 97). La cursiva es nuestra.

Así, el sur de Tenerife, y concretamente el territorio de Arico, se concibe como una zona árida, caracterizada por su gran dispersión y por una falta de concentración y unidad poblacional, donde al carecer de barrancos aptos para su uso, sólo pueden ocuparse las pequeñas covachas de la costa, así como los refugios y abrigos de los parajes rocosos de forma ocasional. De esta forma, para Diego Cuscoy «[en] toda la zona del S. el hombre habita en cotas más altas [500-600 m], los campos de pastoreo son manifiestamente más extensos por razón de la mayor pobreza de pastos [y] la población sostiene un régimen de casi permanente trashumancia» (ibidem, pp. 78-79). Esto los obliga, durante todo el año, a recorrer en sentido vertical, ascendente o descendente, las grandes extensiones de la región, procurando alcanzar, en la estación propicia, las zonas más favorables que aseguren el forraje verde (ibidem, p. 121).

Esta explicación vendría confirmada a través del tipo de yacimientos conocidos por entonces en la zona sur de la isla. Con la excepción de algunos núcleos de población importante, que fueron posteriormente sustituidos por las modernas agrupaciones urbanas (Fasnia, Granadilla, San Miguel, Arico), la presencia de pequeños asentamientos diseminados por la zona (fundamentalmente los ubicados en morras), así como los paraderos, abrigos y refugios que se encuentran distribuidos desde la costa hasta la cumbre, se interpretarían como un rasgo claro de la práctica de la ganadería. Ésta, que debido a las condiciones medioambientales de la zona se convertiría en la única práctica subsistencial del sur y oeste de Tenerife, concedería a quienes ocuparon estos menceyatos una categoría social relevante (ibidem, pp. 161-166).

Es bajo este esquema en el que debe entenderse la única interpretación plausible que Diego Cuscoy puede hacer de Guargacho. Este yacimiento, ubicado en el Menceyato de Abona, constituye la primera evidencia clara de un poblamiento permanente y al aire libre en el sur de Tenerife, que sin embargo es interpretado como conjunto ceremonial (Diego Cuscoy, 1979) (3). Al ser una zona sin cuevas naturales, que presenta una vegetación óptima para el ganado y donde el agua se obtiene, exclusivamente, a través de eres, pozuelos, marmitas naturales o accediendo a los lechos de los barrancos cercanos, la única explicación posible ante este hecho «no usual, [y] que no tiene correspondencia con ningún otro tipo de yacimiento conocido en la isla» (ibidem, p. 105), no puede ser más que su vinculación con el sistema religioso aborigen, concretamente con el rito del baladero o bailadero. Así, y pese a las evidentes muestras de elementos domésticos que ofrece el registro de la excavación y a su clara vinculación con las viviendas bereberes de L’Ahaggar (Argelia) (Jiménez Gómez, 1973: 309), Guargacho es interpretado como hábitat estacional, desechando su posible adscripción «como centro de actividades primarias y/o productivas: no se vive en él, no se explotan ni se obtienen del mismo medio materiales de subsistencia» (Diego Cuscoy, 1979: p. 105).

(3) La notificación del descubrimiento de Guargacho se realiza el 5 de abril de 1972 y el 14 del mismo mes se publica una entrevista a Diego Cuscoy en el periódico El Día donde el yacimiento es interpretado como un lugar de significación religiosa (p. 4)

Continúa...

Francisco Pérez Caamaño, Javier Soler Segura, Marcos J. Lorenzo Martín y C. Gustavo González Díaz

0 comentarios:

Publicar un comentario