lunes, 10 de marzo de 2014

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Las manifestaciones rupestres de Tenerife y alguna de sus problemáticas arqueológicas: El poblamiento. (II)

4. La variabilidad.

Si atendemos a las concepciones taxonómicas de estilo y a su definición consensuada como una manera determinada y constante en la forma de hacer las cosas, la variabilidad formal que encontramos en los ejemplos aducidos se convierte en un obstáculo para su coherencia teóricometodológica. En el caso del único antropomorfo de la estación de Aripe II (Farrujia y Marín, 2005), nos encontramos con la descripción de una figura sin extremidades superiores ni inferiores, un tronco representado por un reticulado a manera de peto; y se especula asimismo con la posibilidad de que pudiera existir la representación de un objeto largo, identificado como un arma arrojadiza. Estas características se han querido ver como tipológicamente idénticas a las de Aripe (Farrujia de la Rosa y García Marín, 2006:340), y a partir de esta asimilación se conectan con el ciclo de los jinetes saharianos. Más adelante haremos alguna referencia a los problemas de la identificación iconográfica, pero de momento solamente se hará mención a las grandes diferencias formales entre este antropomorfo y la serie de Aripe especialmente en lo que se refiere a la indumentaria, los faldellines, y a las características piernas en ángulo (Balbín Behrmann y Tejera Gaspar, 1983: 248-250). Otros aspectos definitorios de los antropomorfos de Aripe, como la cabeza redonda y las plumas serán tratadas también más adelante.

En el caso de los antropomorfos de Risco Blanco (Farrujia de la Rosa y García Marín, 2007) el análisis de los motivos figurativos tampoco contempla las razones de la variabilidad formal de estas representaciones. Desde un criterio analítico no se reflexiona sobre las diferentes dimensiones de las incisiones, que forman esas figuraciones (observable en los calcos y fotografías de los antropomorfos I y II), como tampoco en las secciones de los surcos (en U o en V), ni en las diferentes pátinas que presentan algunos de ellos, observable en la fotografía del antropomorfo I. Las diferencias iconográficas entre dos antropomorfos representados de manera frontal (I y II), y otro cuyo cuerpo es frontal y lo que se identifica como cabeza, que no guarda proporción con el resto del cuerpo, es lateral o de perfil (III), y otro de carácter esquemático para el que no se justifican los atributos formales que permita identificarlo como una figura humana, salvo la interpretación de su remate triangular, como un sombrero (IV). Toda esta variabilidad se explica a partir de analogías iconográficas establecidas a desde criterios bibliográficos sobre cuya naturaleza reflexionaremos más adelante.

Figura 1. Motivos antropomorfos de Risco Blanco, según Ferrujia de la Rosa y García Marín (2007).

Figura 2. Motivos antropomorfos de Aripe, según Balbín Behrmann y Tejera Gaspar (1983)

5. La identificación iconográfica.

Dentro del escaso número de motivos antropomorfos que estamos tratando (seis en la estación de Aripe, uno en la de Aripe II y cuatro en Risco Blanco), algunos de ellos presentan serias dificultades no ya para encuadrarlos en algún estilo en particular, sino incluso para considerar su pertenencia a la categoría iconográfica de los antropomorfos. Ese es el caso de los motivos 3 y 4 de Risco Blanco y la única figura humana de Aripe II.

En los dos primeros casos nos encontramos ante un contradictorio fenómeno cargado de finalismo que hemos denominado formalismo subjetivista (Perdomo Pérez, 2008:179), y cuya consecuencia última es la permisividad de cualquier analogía sin tener que establecer los criterios de comparación o estableciéndolos de manera subjetiva.

En el tercer caso interviene un elemento de mayor gravedad relacionado con los procesos técnicos de la toma de datos previos a cualquier tipo de actividad descriptiva del objeto de análisis. La descripción que nos ofrecen los autores (6) y a partir de la cual se elabora el calco publicado sirve para alcanzar unas conclusiones preestablecidas. De este modo, la interpretación de la estación se realiza a partir de la interpretación iconográfica de un solo motivo para el que se propone una analogía con los antropomorfos de la estación de Aripe, y a través de éstos, se asimila estilísticamente al ciclo sahariano de los jinetes. No existe ningún paso intermedio entre descripción e interpretación; de hecho, el tratamiento descriptivo resulta superfluo cuando la reflexión se centra en un solo motivo que ya tiene su atribución estilística previa.

(6) “El motivo más interesante del yacimiento, el antropomorfo, aparece en la zona central del panel. La zona elegida para la realización de la figura ha sido previamente preparada mediante alisado por abrasión. La técnica utilizada para la realización del grabado es la incisión fina. La figura mide 11 cm de alto por 2 cm de ancho máximo,. La cabeza, perfectamente definida, carece sin embargo de expresión (boca, ojos, nariz). De la zona que correspondería a los hombros, cuello y parte inferior de la cabeza parte una serie de líneas incisas de longitud y profundidad variable que podríamos interpretar como un tocado vegetal o de plumas que cubre la cabeza. A la altura de la cintura y por debajo del pecho se dibuja un rectángulo reticulado a modo de peto. La figura carece de extremidades superiores e inferiores evidentes. Dos líneas incisas marcan el contorno del antropomorfo desde la cabeza hasta la base. Aunque de forma muy esquemática, en el lugar reservado a las extremidades superiores la figura podría estar empuñando un objeto largo a modo de arma arrojadiza (lanza o jabalina). Todas estas características permiten relacionar la figura con los antropomorfos descubiertos en Aripe en 1980 y con el ciclo de los jinetes documentados en el Sahara” (Farrujia de la Rosa Y García Marín, 2006: 341-342).

Figura 3. Antropomorfo de Aripe II, según Ferrujia de la Rosa y García Marín (2005)

Esos prejuicios conducen a afirmar cosas como que la cabeza está perfectamente definida (Farrujia de la Rosa y García Marín, 2006) cuando en una observación más atenta se comprueba que solamente existe un trazo grabado que formaría un segmento del círculo que se representa como cabeza en el calco o la existencia de un tocado y un peto, que en realidad forma parte de la misma composición reticulada que por condiciones de conservación forman actualmente dos grupos de motivos separados. En efecto, nos encontramos con un grupo de trazos realizados a través de incisión fina que mediante observación macroscópica parecen formar dos agrupaciones diferentes. Un análisis más detallado nos muestra, por el contrario, la continuidad original de un conjunto de trazos dispuestos de manera reticulada en una composición que, especialmente en su sector central, presenta claras evidencias de pérdida de masa superficial que afecta a la perceptibilidad macroscópica de los trazos o directamente a la desaparición de alguno de sus tramos. La figura 4 sería el resultado de un calco que añadiera esos trazos y no incluyera la inexistente cabeza.

Figura 4. Elaboración propia a partir de Ferrujia de la Rosa y García Marín (2005)

6. La cronología relativa.

Dentro de la historia de la investigación de las manifestaciones rupestres de Tenerife nunca ha existido demasiada preocupación por obtener una visión diacrónica de las estaciones rupestres, salvo contadas excepciones (7). Dentro del panorama de estudios recientes de orientación histórico-cultural esta deficiencia se hace aún más patente dada la rotundidad de sus aseveraciones. En estos análisis la cronología se propone siempre a partir de criterios estilísticos sin entrar en análisis acerca de la secuencia de realización de las estaciones o resultando estos muy superficiales. Por ejemplo, el único elemento (no estilístico) utilizado para establecer una cronología relativa en la estación de Risco Blanco es la pátina (8), pero caracterizada de una manera simplista y metodológicamente aberrante (9), que integra obligatoriamente en un único momento temporal a todos los motivos y paneles de la estación.

(7) El trabajo de Borges Domínguez y Borges Domínguez (2000) es sin lugar a dudas el más completo en este sentido.

(8) La pátina es uno de los elementos más utilizados para establecer cronologías relativas mediante el sencillo procedimiento de comparar la tonalidad cromática de la superficie de la roca con la del interior de un surco, o haciendo la misma comparación entre dos surcos distintos (Hernández Pérez, 2002: 108). Se supone que las tonalidades más claras implican una relación de modernidad frente a las más oscuras. Aunque se ha hecho mucho hincapié en que existen muchas variables que inciden en la modificación y transformación de las superficies rocosas y que, por lo tanto, el uso de la pátina como método de datación relativa esté mediatizado por la similitud de condiciones de repatinación (Jiménez González, 1994; Keyser, 2001:126; Navarro Mederos, 2003:168), en muchas ocasiones se han confundido los diferentes tipos de cortezas o capas superficiales que podemos encontrar sobre una superficie rocosa (Dorn, 2007). Con bastante frecuencia se denominan pátinas a las capas de meteorización y, aunque el método que se aplica para hallar relaciones de antigüedad/modernidad es básicamente el mismo, son por su propia naturaleza y por su diferente ritmo de formación, dos fenómenos esencialmente distintos. La capa de meteorización es la costra que se forma por la acción de dos tipos de agentes; por un lado, los erosivos naturales y por otro, los biológicos; la acción de ambos agentes se integra en un proceso erosivo continuo de degradación de la roca cuyo resultado final es la transformación de la roca en suelo.

Por el contrario, la pátina es el resultado de un lento proceso aditivo, que según Liu y Broecker (2007:1) es el proceso de sedimentación más lento que se conoce en la naturaleza, mediante el que se deposita sobre la superficie rocosa un compuesto de minerales arcillosos, óxidos e hidróxidos tanto de hierro como de manganeso y otros elementos traza (Dorn, 2004b: 252; Dorn, 2007: 1-2; Dorn y Oberlander, 1981: 1245; Dorn y Whitley, 1984: 30; Francis et al., 1993: 714; Liu y Broecker,2007: 2). Esos minerales arcillosos, que representan siempre entre un mínimo del 50% y un máximo del 90%, son cementados y fijados a la superficie por los óxidos e hidróxidos de hierro y manganeso, que representan entre 1/3 y 1/5 de la pátina (Dorn, 2004b:252). Por lo tanto, la pátina es una acreción más que un producto de la meteorización de la roca (Francis et al., 1993: 714).

Este fenómeno sedimentario tiene una distribución geográfica casi absoluta pero sus mejores ejemplos, por su desarrollo y conservación, están en los desiertos áridos y semiáridos debido a la estabilidad geoquímica de estos ambientes que exponen al manganeso y al hierro a una acidez mínima, y ahí es donde se han generado los modelos teóricos y metodológicos que han tratado de explotar las posibilidades de datación de grabados rupestres a partir del análisis de la pátina. (Liu y Broecker, 2007:2).

Las diferentes coloraciones que presentan las pátinas se explican gracias a las diferencias en su composición química. Dentro del espectro existente, las pátinas oscuras son ricas en manganeso y pobres en hierro, y las rojizas/anaranjadas ricas en hierro y pobres en manganeso; de una composición intermedia son las pátinas de color marrón oscuro (Dorn, 2007; Dorn y Oberlander, 1981). Estas diferencias también se manifiestan en su micromorfología, (que oscila entre estructuras laminares y botroidales) contraste solamente observable a nivel microscópico (Dorn, 2007; Dorn y Whitley, 1984). Esta diversidad de composición y morfología se explica de manera general a partir del ambiente en el que se forma la pátina, climas húmedos para las pátinas negras ricas en manganeso y climas secos para las pátinas rojizas/anaranjadas pobres en manganeso y ricas en hierro. Estas características son utilizadas por algunos autores como medios muy útiles para investigar cambios paleoclimáticos en ambientes desérticos (Liu y Broecker, 2007:2). A una escala menor, la diversidad cromática también puede explicarse por los microambientes, por las distintas exposiciones y orientaciones, además de la morfología y micromorfología de las rocas, que inciden en la humedad que actúa sobre la formación de la pátina.

Por lo tanto, no es posible asumir directamente la oscuridad de la pátina como un sinónimo de antigüedad (Dorn, 2007:4-6), sino que la gama cromática se tiene que entender necesariamente en relación con las características medioambientales y morfológicas sobre las que se forma. De la misma manera hay que entender los procesos de repatinación de los grabados rupestres (Dorn y Whitley, 1984:309).

En el proceso de formación de la pátina parece ser clave la alta proporción de manganeso respecto al hierro. En los suelos, el manganeso puede llegar a ser un elemento traza y normalmente la relación Mn:Fe es de 1:60, mientras que en las pátinas puede oscilar entre 1:1 y 50:1 (2004b, 2007; Dorn y Oberlander, 1981; Liu y Broecker, 2007). Se han desarrollado varias explicaciones para explicar la génesis de la pátina en función de la alta presencia de manganeso entre las cuales un modelo poligenético (geobioquímico), con gran importancia de agentes bacteriológicos, parece tener mayor número de partidarios.

(9) “The different motifs in the panels of the rock art site of Risco Blanco have been engraved using two related techniques (incision and pecking) that have the same patina and therefore, from a chronological point of view, can all be considered contemporary” (Farrujia de la Rosa y García Marín, 2007: 74).

En el análisis de la estación de Aripe II tampoco existe ningún acercamiento a la diacronía de la estación. Incluso se deja pasar la oportunidad de analizar las superposiciones existentes entre el motivo imputado como antropomorfo y un motivo cruciforme.

Figura 6. Calco del panel 1de la estación Aripe II, según Ferrujia de la Rosa y García Marín (2007b)

Un examen minucioso de esta relación muestra como un trazo perteneciente al conjunto reticulado del supuesto antropomorfo se superpone al eje vertical del cruciforme determinando su posición cronológica posterior. Además, el eje vertical de ese motivo cruciforme presenta un surco con sección en U con unas homogéneas dimensiones de anchura casi equivalentes en todo su recorrido longitudinal a una cifra de 2,70 mm, mientras que la profundidad oscila entre los 1,80 y 1,40 mm. Este conjunto de propiedades morfométricas es característico de los grabados rupestres ejecutados mediante utensilios metálicos proporcionándonos de esta manera un criterio de valoración cronológica de algunos motivos de este panel (10) y especialmente del pretendido antropomorfo.


Continúa...

Carlos Javier Perdomo Pérez

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